lunes, 10 de abril de 2017

Castaño Santo de Istán




Nadie conoce la antigüedad de este majestuoso ejemplar porque parece que siempre ha estado allí. Un lugar remoto, distante de todo, oculto en medio del bosque, alejado de todas las miradas. Un sitio difícilmente accesible para los vehículos y donde es imprescindible caminar durante horas. Es la distancia que nos separa de la naturaleza y de la historia. No podemos ocultar el respeto y la emoción que nos produce la figura de este viejo árbol por su colosal tamaño y la majestuosidad que dan los años. Algunas fuentes dicen que preside este lugar desde hace mil años, otras que ochocientos. Se nos antoja eterno. La leyenda dice que bajo su sombra se celebraban misas y que reyes y duques oraron aquí durante la conquista cristiana. 
El Castaño Santo tiene más de 20 metros de perímetro y unos 25 de altura, está situado en una zona conocida como Hoyo del Bote, dentro de la  Sierra Real de Istán (Málaga) y formaría parte del conjunto que conocemos como Sierra de las Nieves. Está rodeado de una masa arbórea de alcornoques, un espacio todavía no protegido a pesar de tener la consideración de monumento natural. 

Para llegar a este lugar de leyenda tenemos varias opciones. Desde el norte se puede acceder por la carretera de Ronda a San Pedro de Alcántara, en el sitio conocido por Conejeras y continuar por el puerto del Algarrobo; y desde el sur, hay que dejar atrás la población de la Costa del Sol para empezar a caminar a la altura del campo de golf de La Quinta. En nuestro caso tomamos esta última opción, en tanto que otros compañeros del Club Senderista 3 Caminos de Ubrique accedieron por la zona norte para confluir todos en el Castaño. La distancia a cubrir puede ser más o menos similar, ambas superan los 30 kilómetros; algo más larga la caminata desde la carretera de Ronda pero con la ventaja de tener más tramos en bajada.
Desde nuestro punto de partida tenemos un desnivel de 832 metros de subida y otros tantos de bajada, puesto que la vuelta será por el  mismo lugar. Debemos abandonar el complejo deportivo de San Pedro de Alcántara y atravesar el puente sobre el río Guadaiza y tomar un carril que ya no debemos abandonar. Esta pista no engaña a nadie puesto que desde el principio nos muestra una exigente subida. Pero enseguida empezamos a encontrarnos inmersos en un paisaje de pinos, alcornoques, chaparros y encinas, así como matorral, como jaras. Caminamos con un horizonte delimitado, a nuestra derecha, por la sierra de la  Concha de Marbella; al frente por los picos Torrecilla y la Alcabaza, y a la izquierda por el profundo valle del río. Discurrimos por el antiguo camino de Marbella a Ronda con continuas evocaciones históricas en su toponimia. Hacia mitad de camino agradecemos que la cuesta pierda pendiente y nos encontramos con algunos eucaliptos.
Llegamos a la antigua venta Quemá, donde existen restos de una torre defensiva medieval, y que fue posteriormente un lugar de descanso para viajantes y mercaderes. Hoy existe aquí un mirador y merendero, un lugar perfecto, por tanto, para recuperar fuerzas. En este punto dejaremos la vereda rondeña para continuar por la pista forestal de la derecha. A unos dos kilómetros existe otro desvío, también  a la derecha y en bajada, que debemos tomar. Sólo 200 metros nos separan de nuestro objetivo. Ante nosotros el abuelo del bosque.






































domingo, 2 de abril de 2017

Hispanic Society of America de Nueva York




Estos días se inaugura en el Museo del Prado la exposición “Tesoros de la Hispanic Society of America”. Una cita que promete convertirse en uno de los acontecimientos culturales del año con una selección de más de 200 obras entre piezas arqueológicas, esculturas romanas, cerámicas, vidrios, tejidos y arte medieval y colonial, así como pintura contemporánea, la mayoría de ellas nunca anteriormente expuestas en nuestro país. Una exposición sin precedentes que ha sido definida como “una aproximación integral a la cultura hispánica como nunca se ha hecho, una especie de compendio del Prado, el Arqueológico Nacional, la Biblioteca Nacional y el Museo de América”. Una lección de arte e historia de la cultura hispánica de 4.000 años.   
Pero sólo es una pequeña muestra de los fondos de esta Sociedad, que atesora, según algunas fuentes, 18.000 obras de arte, 250.000 manuscritos y 35.000 libros, entre ellos 250 incunables. No hay nada semejante en el mundo sobre nuestra cultura.
Este inmenso tesoro procede de esta institución no demasiando conocida por los neoyorquinos y situada en el extremo norte de la isla de Manhattan. Se trata de la Sociedad Hispánica de América, concebida como museo y centro de investigación de la cultura española por el magnate Huntington en 1904. Pocos curiosos llegan a este lugar remoto del Harlem neoyorquino pero se trata de un espacio inesperado y sorprendente. Fue creado a partir de adquisiciones en el mercado internacional procedentes de la Península Ibérica y Latinoamérica.
Se encuentra en un edificio palaciego con un patio central en el que destaca la estatua de El Cid y conocido por albergar algunas de las obras maestras de Sorolla, entre ellas su mítica serie “Visión de España”, que tras ser restaurada por Bancaja fue expuesta por primera vez en España en 2009. Tras verla en Sevilla y Madrid, nos despedimos con un hasta pronto porque presentíamos que alguna vez nos íbamos a reencontrar con estos monumentales paneles en su lugar original. Y así sería sólo tres años después.   
Pero buscando este Sorolla en todo su esplendor uno queda sorprendido porque en la institución no faltan autores como Velázquez, Goya, El Greco o Zurbarán. Pero las sorpresas no acaban ahí, sino que en la sección de arte decorativo destaca la colección de cerámica, orfebreria y joyería.
Asimismo, su biblioteca alberga más de 600.000 libros, incunables, manuscritos y documentos; en el sección de manuscritos lo más significativo es la colección que el marqués de Jerez de los Caballeros vendió al millonario a principio del siglo XX. Menéndez Pidal lo consideró una pérdida peor que la de Cuba. Nobles arruinados dispuestos a malversar el patrimonio.
Por lo demás, a largo de la visita se observa que esta Sociedad no atraviesa sus mejores momentos, ante la falta de recursos y de visitantes, por la ausencia de promoción, y donde las condiciones de seguridad y conservación dejan mucho que desear.
Nuestro reportaje fotográfico es de julio de 2012 cuando visitamos a esta institución. Actualmente se encuentra cerrada por reformas,  no estando prevista su apertura al público hasta 2019
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